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MONTESSORISCHOOLGRANADA

Hay quien dice que los niños son un libro en blanco, un vacío que hay que rellenar con información y protocolos de actuación. Esta consideración, aparte de no ser real, nos pone en una posición de poder respecto al niño. Es cierto que los niños vienen al mundo con poca información comparada con la que ha adquirido una persona adulta, pero eso no significa que los adultos tengamos que añadir contenido en el niño. No debemos olvidar que los niños tienen sentidos, y que ellos seleccionan la información que hay en el entorno para desarrollarse de la mejor manera posible.

Galápagos International Montessori School, Granada.

Por lo tanto, el recién llegado tiene sensores por los que recibe información, tiene un programa que procesa la información y un sistema motor para coordinar una respuesta ante la información procesada. Este programa es el maestro del niño. El adulto sólo puede intervenir en el escenario en el que el niño va a recoger la información que necesita.

De aquí parte el método Montessori: la acción educativa es una acción sobre el ambiente del niño, no sobre el niño directamente. Prepara un ambiente adecuado según las necesidades y ritmos del menor, y él solo, sin que dirijas su actividad, sabrá qué hacer en este ambiente para desplegar todo su potencial.

Nosotros no podemos saber más sobre las necesidades de un niño que el propio niño. Pero el pequeño en su primera etapa no es consciente de sus necesidades ni tiene herramientas para comunicarlas de la forma adecuada. Esto significa que debemos aprender a escuchar e interpretar un lenguaje al que le faltan dos cosas: consciencia y palabras. El niño no necesariamente pretende comunicar, y sin embargo no para de hacerlo, por lo que hay que escucharlo,… y cuando comunica, no tiene por qué hacerlo verbalmente, por lo tanto hay que captar lo que nos quiere decir a través de sus emociones. De hecho, aun cuando sí nos hable con las palabras de nuestro acotado lenguaje verbal, puede ser que nos esté queriendo decir una cosa diferente a la que pronuncia, motivo por el cual hay que seguir escuchando sus emociones.

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Galápagos International Montessori School, Granada.

Las emociones de un bebé están ligadas a sus necesidades más básicas. Sólo hay que identificarlas. Las emociones de un niño son mucho más complejas y a veces están ocultas detrás de un mensaje hablado que no necesariamente expresa lo que siente.

Para entrenar la escucha es necesario trabajar técnicas de observación y empatizar con los niños, y para ello hay que volver al niño que éramos. Sólo desde ahí podemos entender sus mensajes, sólo así podemos oír lo que nos dice su maestro interior y preparar el ambiente siguiendo sus ritmos y necesidades para que crezcan de la manera más completa y feliz.

Galápagos International Montessori School, Granada.

Lógicamente, dar este paso supone llevar a cabo un trabajo personal para adoptar la humildad, el respeto y el amor como valores fundamentales. El lenguaje de las emociones no es racional, pero es la lengua que los niños hablan y entienden. Si queremos que nuestras palabras tengan significado para un niño, deben estar impregnadas de una emoción. Si no, entonces se trata de una abstracción imposible de descifrar en muchas ocasiones. Nuestra consciencia emocional y nuestros patrones de respuesta son automáticamente absorbidos por la mente del niño. Este hecho nos transmite que para poder trabajar con niños tenemos que conectar con ellos desde nuestro niño interior y escuchar lo que nos dice su maestro interior. Es decir, que hay que hacer una preparación emocional y un trabajo combinado entre un enfoque espiritual y un enfoque científico.

Lo que somos: cómo nos movemos, cómo hablamos, qué decimos, cómo nos relacionamos con los elementos del ambiente, cómo interactuamos con los distintos seres vivos,… Todo eso, es decir, lo que somos, es el contenido educativo y pedagógico más importante para el aprendizaje de un niño.

Galápagos International Montessori School, Granada.

Esto es así simplemente porque el maestro interior del niño le dice: observa atentamente a los adultos que te rodean y cópialos porque ellos han sobrevivido. Automáticamente, el niño juega a hacer lo mismo que hacen los adultos, a comportarse igual, a hablar igual, a responder emocionalmente igual, etc.

De esta forma, el ambiente en el que se desarrolla un niño se compone de elementos fundamentalmente psíquicos basados en la influencia de la preparación física de su entorno y la preparación psíquica del maestro. En el corazón de la formación Montessori está la preparación de estos ambientes.

Rafael Román Romero

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