Cómo actuar cuando tu hijo o alumno se equivoca

Me he equivocado. ¿Qué hago ahora? ¿pido disculpas? ¿me echo a llorar? ¿me avergüenzo? ¿busco excusas y culpo a otros? ¿me frustro y decido no volver a hacer semejante cosa? ¿me arrepiento?

¿Recuerdas cuando tu hijo/a tenía un año y estaba aprendiendo a caminar? Tú no te acordarás, pero también tuviste un año de edad y también aprendiste a caminar. Cuando un niño tan pequeño se cae, después se levanta. No culpa a nadie, no siente vergüenza, no se frustra en el suelo, ni se culpa a sí mismo, ni se arrepiente de no haber tenido más cuidado. Cuando un niño de 3 años no consigue construir una torre con piezas de madera, vuelve a intentarlo hasta que lo consigue. Y cuando lo ha conseguido, sigue haciéndola hasta perfeccionarla.

¿Qué nos pasa a los adultos con los errores? ¿Por qué no hacemos lo mismo que ellos? ¿Por qué los relacionamos con algo negativo en lugar de recargar nuestra energía y entusiasmo para volver a acometer el reto y perfeccionar la técnica? ¿Cuándo perdimos la resiliencia, cuándo desaprendimos? ¿Quién nos desaprendió?

Rememora el momento en que por primera vez te echaron una bronca por equivocarte. Acuérdate de cuando ibas al colegio y te corregían diciéndote: así no, lo has hecho mal, se hace de esta otra manera. Cuando suspendías un examen o sacabas peor nota de la esperada, cuando el maestro o la maestra hacía pública tu equivocación delante de los demás, ¿qué sentías? ¿ganas de volver a intentarlo?

Nuestra infancia y adolescencia está plagada de brocas, presiones y humillaciones por los errores cometidos. No es de extrañar la cantidad de miedos al error que hemos adquirido por temor a la desaprobación de los demás. Especialmente de las personas más cercanas a nosotros: nuestros padres y maestros.

Cuando sientes vergüenza o culpa porque tu hijo/a no sepa hacer algo, estás envenenando a tu hijo/a. Los niños tienen el derecho y la necesidad de no saber, de no entender y de equivocarse miles de veces.

El otro día, estaba yo en clase sustituyendo a la profe. Una niña me pidió que revisara las divisiones que había hecho y me preguntó si estaban bien. Le dije que no iba a mirar el resultado porque no me importaba en absoluto cuánto era 52768 dividido por 7.

Mi intención era mirar los primeros pasos para comprobar si sabía hacer la operación y preguntarle qué significa dividir que, al fin y al cabo, es lo más importante.

Ella quería saber si se había equivocado. Le dije que lo comprobara ella misma ¿qué más me da a mí? Si haces un trabajo para ti mismo, sólo a ti te importa saber si te has equivocado o no. Si haces un trabajo para mí, entonces sí me importa.

Si te dejo el coche en el taller para que lo arregles, sí me importa que no te hayas equivocado. En este caso, mi tarea es que aprendas qué es dividir, para qué sirve y cómo se hace. Si todo eso está bien, las equivocaciones las puedes usar para perfeccionar.

María Montessori diseñó cientos de materiales didácticos para uso autónomo y autocorrectivos, precisamente porque la única persona interesada en saber si está bien o mal es quien usa el material, no el maestro. Es importante que cada uno tenga claro para quien trabaja. Cuando un niño aprende, está trabajando para sí mismo, para construir su personalidad, desarrollar sus propias habilidades y disfrutar de su experiencia.

Más adelante, su trabajo consistirá en dar un servicio a otras personas. Pero ahora está en modo aprendiz de sí mismo. Está practicando. No estudia para sus padres, no estudia para los maestros. Nadie tiene por qué decir si está bien o mal lo que hace. Ningún adulto se tiene que meter ahí porque es una injerencia y una invasión.

LA EVALUACIÓN PARALIZA EL APRENDIZAJE Y LO HACE RETROCEDER

No sé a ti, pero a mí me evaluaban según mis resultados. Si los resultados estaban mal, el examen estaba suspenso. Esta estrategia de evaluación es estupenda para crear personas paralizadas por el miedo al error. Es muy útil para no hacer nada diferente en tu vida por temor a no hacerlo bien. Si con cada equivocación te han machacado, has dejado de ser libre y te has dejado por el camino todo el potencial que traías cuando naciste.

Los mejores futbolistas han tenido que perder miles de partidos. Los mejores artistas han realizado miles de bocetos antes de vender una buena obra, y los mejores inventores y científicos han tenido que equivocarse muchas veces para conseguir algún éxito. A esta gente no le asusta equivocarse. Utilizan la equivocación para aprender y perfeccionar. Como los niños de 1, 2 y 3 años, que todavía no han sido machacados por sus errores.

Otra frase maravillosa de María Montessori: “libera el potencial de un niño y podrá transformar el mundo”. Los que transforman el mundo son los que no temen al error.

PONGAMOS QUE ERES MAESTRO/A

Si ponemos un examen a los niños y acto seguido pasamos a otro tema, estamos haciendo algo muy grave (que por desgracia, es lo normal). En ese momento se le está dando al niño la información de que su proceso de aprendizaje sobre la materia estudiada ha terminado. Niño, ya puedes olvidarlo todo, el proceso ha concluido y lo único importante ha sido el resultado, que es de lo que se guarda registro.

Si hay que hacer exámenes, yo lo plantearía de la siguiente manera:

“Chicos, vamos a hacer una prueba. A ver si conseguís responder a estas preguntas en 30 minutos. ¡Un reto niños! ¿Os gusta jugar? ¿Estáis preparados? Pues 3, 2, 1…. El tiempo empieza… YA!“

La otra media hora hacemos lo siguiente:

“Ahora vamos a comprobar si habéis sabido hacerlo. ¿Qué quería decir la primera pregunta? ¿A qué se refiere con…? ¿Alguien lo entendió de otra manera? Bien, pues ahora cada uno va a mirar lo que ha respondido para cambiarlo si cree que debe hacerlo. ¿Alguien sigue sin entenderlo? Tú, tú y tú,… perfecto, voy a explicarlo con otro ejemplo… bla bla bla. ¿Lo tenéis ya todos claro? ¿Alguien quiere compartir cómo lo ha hecho? Pues si lo tenéis todos claro y lo habéis entendido bien, poneos un BIEN en rojo junto a la respuesta. Ahora pasamos a la siguiente pregunta…

Y repetimos este proceso con todas las preguntas del examen y cuando ya esté todo claro, entendido y autocorregido entonces decimos a los niños:

Ahora coged un rotulador rojo y poned junto a vuestro nombre un 8, un 9 o un 10, según si los resultados están más o menos bien, casi todos bien, o todos bien.

Después de este examen con excelentes calificaciones y con la seguridad de que todos entendieron, ahora, en lugar de pasar al tema siguiente volvemos otra vez al mismo tema para vincularlo con el siguiente porque si hay un corte abrupto entre un tema y otro, estamos transmitiendo que ya no hace falta saber nada más de aquello, y que el objetivo del aprendizaje era superar ese examen.

EL MAESTRO/A DEBE EQUIVOCARSE DE VEZ EN CUANDO A PROPÓSITO

Algunas presentaciones Montessori se hacen a través de un error premeditado. Se trata de evidenciar una necesidad. Si presento el adjetivo y digo: “El niño lentamente jugaba rubio”. Algo falla. El que describe cómo es el nombre es el adjetivo, no el adverbio. El propio niño reordenará las palabras en su lugar.

Entonces le puedes preguntar ¿pero porqué las cambias de sitio? ¿Es que no se puede jugar rubio? ¿Es que no hay niños lentamente? Un simple error hace que se pueda entender que las palabras cumplen una función concreta en la oración y que el lugar donde están hace que cumplan o no cumplan su función. Y esto es mil veces más didáctico y divertido que enseñar las cosas correctamente.

¿Y QUÉ PODEMOS HACER EN CASA?

  1. Mira a tu hijo/a como un aprendiz. Un ser que tiene la necesidad de equivocarse para aprender. Sus errores son gloria bendita.
  2. Realiza algo constructivo a partir de una equivocación para que vea el potencial que tiene.
  3. No ocultes tus errores, despistes y fracasos. Reconócelos abiertamente, con responsabilidad y no con victimismo, quítale carga negativa y saca de ahí una energía creativa para aprender algo delante de tu hijo/a.

Los propios errores marcan el rumbo de un viaje apasionante, pero si te maltratan cuando te equivocas, simplemente, no harás el viaje.

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– Juzgarse menos y confiar más en sí mismos
– Sentirse más seguros, y aprender a respetar a los demás
– Realizar cosas por sí solos como parte de su aprendizaje

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