¿Tienes hijos o alumnos que te desafían o no te hacen ni caso cuando les hablas, y se pasan las normas por el forro? Puede haber muchos motivos para ello, pero tal vez les ocurra algo de lo que te voy a contar aquí.

Probablemente, tu hijo adoptó el rol de desafiante.

En mi juventud temprana, con 15 años, tuve un profesor de matemáticas que dijo el primer día de curso: “En mis clases los chistes los hago yo”. Y así fue. Hacía chistes, y si algún alumno trataba de ser más gracioso que él, le cortaba en seco, no se lo permitía, y le recordaba que en sus clases los chistes los hacía él. Y el caso es que tenía gracia el tío, así que todo bien, no fue necesario buscar más graciosos en la clase.

Después de una hora de matemáticas y algunas risas, llegaba el profesor de historia, y allí pasaba todo lo contrario. Hablaba con tono monótono, sin ninguna gracia, y mirando a la pizarra, no a los alumnos. Sólo transmitía frustración, cansancio y tristeza. Pedía a gritos un gracioso para dar vidilla a aquellas horas interminables. Así que yo decidí asumir el papel de graciosillo, pues me había dado buenos resultados socialmente los dos años anteriores.

Dediqué una gran energía a entrenar con estupideces absurdas y payasadas de toda índole. No ligaba, ni aprobaba las asignaturas, pero hacía amigos (que era lo que más necesitaba en aquel momento) y desarrollaba nuevas habilidades sociales. En aquella clase de historia todo valía. Otros compañeros también hicieron pinitos en el rol del gracioso de la clase. Aquel escenario permitía que varios chicos ocuparan ese rol al mismo tiempo. Así que fueron unas clases en las que nadie aprendía historia, pero nos lo pasábamos todos súper bien. Todos menos el profesor, claro.  

He aquí un mensaje para los docentes: no os preocupéis por lo que tenéis que impartir, ocuparos de los niños, de que el grupo funcione …o vuestro trabajo será un auténtico infierno.

Algunos ya lo habéis comprobado. Relativicemos las leyes educativas, las programaciones y el libro de texto. Lo primero son los niños y tú. María Montessori dijo: “no me sigáis a mí, seguid al niño”. Las últimas tres palabras son el resumen de todo su trabajo.

Un mismo niño, e incluso, un mismo adulto, puede adoptar diferentes roles según los grupos en los que esté, y según la situación en la que se vea el grupo. Si te sientes líder y te encanta tirar de los demás y proponer cosas nuevas, actividades y fiestas de toda índole, pero conoces a un grupo de gente en el que ya hay alguien que hace justo eso, …te informo de que llegas tarde. Ese papel ya está cogido.

Es difícil que haya varios líderes dentro de un mismo grupo. Cuando hay un rol disponible, se nota porque cualquier actitud que se corresponda con ese rol tiene una gran aceptación.

Si se va el líder, su rol queda vacante. Si se va el desafiante, ese rol lo ocupará otro, y si se va el gracioso, otro del grupo o un nuevo integrante acabará ocupando el papel del gracioso. Todos los roles garantizan la supervivencia social de cada miembro del grupo, porque cumpliendo ese papel, los demás le reconocen y le validan. Y sentirse valioso y reconocido es más importante que el comer. No hay castigo ni chapazo moralizante que pueda alterar esa necesidad.

Desde mi punto de vista los roles en los grupos humanos cumplen una función necesaria para la vida del grupo. El gracioso genera cohesión, códigos internos y alegría. El líder aporta iniciativa, objetivos, vitalidad y seguridad. El desafiante pone en duda las normas, es transgresor, es incómodo e inyecta adrenalina a los demás, …y encuentra soluciones diferentes porque detecta los fallos del sistema que todos da por válido. Si no estuviera, el grupo tendría unos hábitos muy rígidos, repetitivos y monótonos, y ante el menor cambio ambiental, se quebraría.

De hecho, todos los roles dentro de un grupo de personas gozan de aceptación. Si no se acepta un rol determinado, el grupo se deshace de él de dos formas diferentes: repudiando las actitudes o repudiando a la persona que encarna ese rol. Y dicho individuo sólo tiene dos salidas: cambiar la actitud para seguir perteneciendo, o mantener su rol y buscarse otros amigos.

Reconocer cuál es tu “encaje” en un grupo social requiere habilidad. Hay personas que no son capaces de verlo y lo acaban pasando mal. Sienten que no son aceptados. Esto es así de crudo: si no aportas algo para la supervivencia del grupo al que quieres pertenecer, no eres necesario y quedas fuera. La aceptación social tiene que ver con lo que cada uno aporta. Si consumes la energía del grupo, provocas luchas internas, criticas su identidad, eres imprevisible, no compartes los valores o las aficiones… evidentemente, tienes que buscarte otros amigos u otra familia.

También está el guapo o la guapa. La popularidad tiene que ver con los roles que sobresalen. Pero también hay roles con perfil bajo y de gran importancia: el que está pendiente de que los demás estén bien, el que está obsesionado con la seguridad, el generoso, el agresivo, …

Todos los roles son necesarios. Si tu hijo o tu alumno te desafía con frecuencia es porque el rol del desafiante estaba libre y lo ha cogido él. Debe de haber algún antepasado suyo que dejó ese espacio libre y de manera inconsciente, el resto de la familia, se lo ha dado. O tal vez, el rol estaba vacante en el grupo del colegio. En el momento en que un niño entra allí, asume su papel, y éste se ve reforzado por los demás porque los demás confunden su identidad con su rol. Se etiqueta al niño y entonces lleva la etiqueta encima allá donde va.

Tu hijo no es un desafiante, simplemente desempeña su función en la familia. Tu alumno no es un desafiante, su grupo necesita a alguien que cuestione las normas. El desafiante es el papel que ha adoptado. Si lo expulsas del colegio, habrás expulsado un niño, pero no el rol. Ese rol será ocupado por otro.
 

La creación del rol

¿Cómo se establece el contexto para requerir el rol del desafiante? Recordemos mi experiencia de los 15 años. En un contexto donde el rol del gracioso lo ocupaba el profesor, quedaban los límites establecidos, y además él mismo se hacía cargo de esa función, por lo que ese papel ya quedaba asignado. Con el profesor de historia, se hacía necesario para la supervivencia activar ese rol (en su máxima expresión) y, al no quedar claros los límites, la clase pasaba a ser caótica.

Pues bien, para los desafíos pasa exactamente lo mismo. En la clase de historia que citaba antes, nadie desafiaba las normas porque no las había. Por lo tanto, no había malos modos ni actitudes ofensivas. El rol del alumno desafiante no se activaba. Pero evidentemente, se requieren unas normas para la convivencia, porque de lo contrario hay caos. Solución: pocas normas, fáciles de entender, límites claros, y cierta flexibilidad para no llamar mucho al niño transgresor.

Lo que podrías hacer…

Si crees que tu hijo es desafiante, prueba a reforzar otro rol en él. Si te enfrentas a sus desafíos, se confirma en su rol. Si minimizas el impacto de su actitud y, por otro lado, das valor y enfatizas la necesidad de la generosidad (por ejemplo) y se lo reconoces cada vez que haya una oportunidad, poco a poco podrás ir viendo un cambio. Si pones a su alcance héroes o líderes apropiados que representen ese rol más positivo, también se lo pondrás más fácil. Requiere consistencia, paciencia, y confianza. Pero puedes hacerlo.

Este tema da para mucho, así que seguiré hablando sobre esto en unas ponencias gratuitas que voy a dar online en dos congresos las próximas semanas. Si te interesa, te invito a que te apuntes y compartas. Me encantaría que me dieras tu feedback.

Un fuerte abrazo (y esto sí que es un desafío en estos tiempos).

Rafa.

29 de abril, 2020
Songs of Hope Education
https://opendoormontessori.com/conference/
Líderes para la paz desde casa

6-8 de mayo, 2020
Congreso Online Montessori 2020:
https://www.cursosmontessoriencasa.es/com2020/ref/36
Los modelos de liderazgo infantiles en el juego

4 comentarios

  1. Tengo un niño desafiante en casa de 3 ya casi 4 años
    El contas de no perder el poder no le importa ni las consecuencias ni decir que algo que se que no le gusta dice que si aún siendo mentira
    Miente engaña se esconde para hacer travesuras
    Todo le da pereza sino le interesa hace el poco esfuerzo en todo y en los trabajos que mandan a casa es mi lucha eterna en esta cuarentena
    Solo quiere hacer lo que el dice y yo soy muy estricta bastante realmente
    Con mi hijo mayor de 5 casi 6 no pasa nada es al contrario igual a mi y me frustra ver q no controlo mi pequeño ni lo logro entender su forma de ser
    Pasa regañado siempre por todos y me duele que pase una infancia de esa forma
    Me encantó el artículo definitivamente necesito ayuda

    1. Hola Ashley:
      Entiendo las dificultades a las que te enfrentas. No conozco la situación con todos los detalles. Hace falta ver cómo son las comunicaciones y las relaciones dentro de la familia, cómo es el ambiente físico donde vive, qué dibujos animados ve, cómo son los niños con los que suele jugar, etc. Por otro lado, la cuarentena es una rareza que provoca en los niños reacciones más fuertes o simplemente diferentes de lo habitual. Yo trataría esto con profesionales de la psicología para que te puedan dar pautas a la hora de realizar cambios en el ambiente, en las rutinas, para observar ciertas cosas que te pueden dar información sobre por qué tiene ese comportamiento. Desde aquí, sin conocer la situación de cerca y simplemente por lo que comentas, trataría de romper la etiqueta que quizás ya tiene. Evita luchar, evita frustrarte, háblale siempre con cariño haga lo que haga, reaccione como reaccione. Suelen funcionar los límites claros, la firmeza y el cariño a la vez de forma consistente. Se trata de que no obtenga la respuesta que él espera recibir y que le afirma en su papel de desafiante. Y a ver si obtienes algún resultado sólo con eso. Pero ya te digo, que hay que observar muchos detalles para que el niño pase, sin forzar nada, a tener una actitud de mayor armonía en la casa. Ánimo, suerte… y ¡gracias por tus palabras!

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